Pascual Serrano defiende que el compromiso ético es más importante que la neutralidad, y cita ejemplos paradigmáticos como Kapuscinski, Walsh, Snow, Reed o Capa.
Por Albert Lladó
En la mayoría de facultades españolas - con maravillosas excepciones -, los periodistas se forman bajo el paradigma sostenido con dos principios supuestamente inquebrantables: la objetividad y la imparcialidad. El experto en análisis de los medios de comunicación, Pascual Serrano, aboga Contra la neutralidad en su nuevo libro, en el que, tras los pasos de grandes profesionales, como Kapuscinski, Walsh, Snow, Reed o Capa, asegura que “el culto a la objetividad provoca que los reporteros que presencian tragedias y sufrimientos cuyos responsables están perfectamente identificados vean que sus crónicas terminan llegando al público descafeinadas”.
Los periodistas, hasta que se demuestre lo contrario, son personas vivas. Sujetos que ven, sienten y reflexionan. Entonces, ¿qué quiere decir ser objetivo? Alguien que enfoca su mirada, que tiene voluntad de estilo, que pregunta más de la cuenta, no es objetivo. Ni cómodo. No es un sofá. Objetivos son, sí, los objetos. Los pantalones usados, las lámparas amarillas, las sillas aerodinámicas. ¿No hemos confundido, pues, los pilares de la profesión con una falacia que nos impide ir más allá de los datos y los números?
La equidistancia y la pluralidad
Serrano mantiene que la imparcialidad de la que algunos alardean es “solo una labor mecánica, algo así como el cumplimiento de órdenes, la obediencia debida del militar”. Pero el consultor, y especialista en política internacional, desnuda otro de los mitos contemporáneos del periodismo: la equidistancia. “No es cierto que la verdad se sitúe a mitad del camino de dos puntos de vista contrapuestos”. Poner ejemplos concretos no es nada difícil: ¿Cuántas personas se manifestaron en la huelga general? ¿La media surgida del número ofrecido por las fuentes oficiales y del que dieron los sindicatos? ¿O una cifra independiente? Si vamos a casos más extremos, la idea de equidistancia cae por sí sola. ¿La verdad de lo que ocurre en Siria se puede formar a partir de lo que dice las dos partes enfrentadas? Si una víctima denuncia que han bombardeado a toda su familia y el Gobierno asegura que han sido terroristas, ¿ser neutral y equidistante sería afirmar qué exactamente?
Con esa “curiosa idea de que, si incluyes una cita de cada bando, ya has cumplido el objetivo” se banaliza el ejercicio periodístico y, según Pascual Serrano, quizás se ignora que alguien está intentando “justificar un crimen”. Para el autor, “el problema es que estamos creando un profesional que ya no sabe incorporar principios y valores éticos y culturales a su trabajo”. Su vocabulario, añade, “se limita a la exposición de hechos y no incluye la elaboración de reflexiones o análisis”.
Es importante dejar claro que este ensayo apuesta por un modelo de periodismo que sea plural - que pregunte a todas las partes aunque no crea a todos por igual -, que sea riguroso - que no justifique manipulaciones por coincidir ideológicamente - y, sobre todo, que sea honesto. O sea, que no mienta, que su compromiso sea sincero y auténtico. Un buen periodista, si no es un mueble, se puede equivocar, pero no traicionar a su lector, ni mucho menos a sí mismo.
El periodista comprometido
Ryszard Kapuscinski, en esta línea, señala que un corresponsal no puede creer en la objetividad de la información “cuando el único informe posible resulta personal y provisional”. No es neutral, ni quiere serlo, porque ha adoptado una actitud, una intencionalidad: el compromiso frente a las injusticias. El periodista, esté cubriendo una guerra o esté en su mesa explicando un desahucio, tiene una responsabilidad social. Hablar de lo que no se habla, “subrayar lo que se margina”.
Kapuscinski cree que el profesional debe intentar “provocar algún tipo de cambio”. “Sin utilizar el odio o estimular la venganza”, argumenta el polaco, el periodista debe utilizar su bagaje para enriquecer el texto, y es que el que escribe no es simplemente un espectador frío, un contendor de sucesos, un altavoz de declaraciones, un técnico que empaqueta la información: “es importante que no te contagies de esa enfermedad terrible que es la indiferencia”.
John Reed, quien explicó la Rusia revolucionaria en Díez días que estremecieron al mundo, tampoco fue neutral ni objetivo. Sin embargo, Serrano asevera que “su rigurosidad le impide creer precipitadamente algunas versiones” de fuentes que entiende como afines. Reed, que suele utilizar la primera persona, demuestra que la pasión no está reñida con escribir con precisión y profundidad.
Rodolfo Walsh, célebre autor de Operación Masacre, es otro de los periodistas escogidos en este libro. Walsh, quien denunció el fusilamiento clandestino de un grupo de ciudadanos argentinos en 1956, afirmaba que las dos cualidades esenciales del buen profesional son la “exactitud y rapidez”. Permanece desaparecido desde el 25 de marzo de 1977, y se ha convertido en todo un icono de la libertad de expresión.
Edgar Snow, por su parte, que fue el hombre que “descubrió” Asia a Occidente, recurre “desde Aristóteles hasta Mark Twain para explicar China y sus acontecimientos”, y su inteligencia le sirvió para conseguir grandes exclusivas, como la entrevista que realizó a Mao y al resto de líderes comunistas. Serrano nos dice que “a pesar de su simpatía y su defensa de la revolución china, no dudó en expresar inquietud”, y criticó el culto a la personalidad de Tse-tung.
Por último, encontramos en Contra la neutralidad el caso de Robert Capa, un referente del fotoperiodismo que aseguraba que “ante una guerra hay que tomar partido, sin lo cual no se soporta lo que ahí ocurre”. Pese al incalculable valor de su obra, los que le conocieron atestiguan que era modesto y que se planteaba, como el resto, la utilidad ética de su trabajo, sobre todo tras el decepcionante colapso del idealismo en España.
La intencionalidad y la información
Pascual Serrano sabe que el ciudadano huye del artículo de opinión disfrazado de noticia, y “desconfía de cualquier argumentación que no incluya información, datos, testimonios fiables”. Por ello, mantiene que el reportaje se ha convertido en el soporte más adecuado para el periodista que no quiere caer en la nota de prensa o el teletipo de agencia. El también autor de Traficantes de información (2010) insiste en que “la intencionalidad es lícita y efectiva si está dominada por la credibilidad y no por el mero mensaje ideológico”.
El libro de Serrano concluye con un interrogante, el periodismo que viene. Según el autor, en los últimos años hemos asistido a una “obsesión por el sensacionalismo” y, en el mejor de los casos, los profesionales se limitan a responder telegráficamente las cinco W inglesas (qué, quién, dónde, cuándo, cómo y por qué). Sea para la red o para el papel, sea en un texto breve o en una extensa crónica, si obviamos los antecedentes, el contexto y el nervio, estaremos produciendo un depósito de información. Los periódicos serán un cementerio de documentos sin interpretar que, por lo tanto, renuncian al conocimiento. Para escribir, apunta Serrano, hace falta valor, y “para tener valor hace falta tener valores”. Las máquinas, las que copian y pegan inventarios estériles, aún no lo tienen.
viernes, 8 de junio de 2012
martes, 15 de mayo de 2012
sábado, 17 de diciembre de 2011
Los Comentaristas de Plaza

Por Rafo Leon
Hace poco escuchaba el programa radial que conduce mi amiga Rosa María Palacios; el tema del día era, si mal no recuerdo, un conjunto de medidas que se piensa implementar para evitar, o al menos reducir la cantidad de pequeñas coimas y robos de que somos víctimas las personas que tenemos que hacer trámites de todo tipo ante entidades del Estado. La gente llamaba a Rosa María y daba sus opiniones, en promedio bien calibradas y centradas en el asunto en discusión, hasta que llamó el infaltable maximalista, el troll de la opinión pública, el Don Pésimo de la vida peruana, a decir más o menos lo siguiente: “Mire doctora, yo no sé con qué cara vienen los del gobierno a hablar de reducir las coimas en las ventanillas si desde el presidente García hasta el último de los funcionarios apristas, están con las manos sucias de robarnos todos los días en las licitaciones que favorecen a los chilenos, en el famoso tren eléctrico, en las concesiones forestales…” Rosa María, con todo derecho, cortó la llamada e hizo un comentario al aire que juzgué de pertinente para arriba: “Clásica actitud peruana, salirse del tema con la coartada de que se está profundizando en el tema, en fin. Tenemos otra llamada”. El Don Pésimo que esa mañana le tocó a Rosa María me hace recordar en mucho a un alto porcentaje de comentaristas que escriben a los blogs dando sus opiniones pero bajo la misma distorsión, saltando de lo específico de un tema –algo que para entenderlo hay que ponerle una lente de microscopio- y se mandan a observar y a evaluar el sistema solar entero. Esa manía garrulera y vacua de expresarse yo la relaciono con varios aspectos de nuestra cultura clasemediera y no cuajada. En primer lugar, con el sobre valor que tiene la retórica verbal en nuestro medio, donde se elige a autoridades porque hablan bien. Las palabras reemplazan a las cosas y si esas palabras encauzan frustraciones colectivas aún cuando no presenten ningún planteamiento racional frente a estas, pues no hay pierde. El padre de los Humala es el epítome de esto. Causas como la rivalidad con Chile, el militarismo, el racismo, el clasismo, los traumas de la Conquista, la homosexualidad, son bolos fijos en los que los troll se pueden pasar la vida embrollados pero sobre todo, acusando e insultando a cualquiera que no piense como ellos, como si lo que ellos hicieran fuera pensar. Otra explicación quizás haya que encontrarla en las abismales diferencias que nos separan en el Perú a los peruanos por todos lados. Por plata, por color de piel, por jerga, por provincia, por equipo de fútbol, algo que con el tiempo lejos de atenuarse, se agrava, y creo yo que el Internet está sirviendo muy eficientemente a esa mala práctica. La magalización también pone lo suyo, la doble moral. Pocas veces he visto algo tan manipulado, infamante y faruco, como la satanización que se hizo de los conductores de Mesa de Noche por haber jugado una broma común y corriente a Norma Martínez y Magali Solier. Era tan evidente que ahí solo se estaba buscando el morbo mediante la victimización de Schuller y Lindo, que escuchar tanto cinismo, y leerlo en los blogs, producía náuseas. En este blog tengo varios caseritos de esos, que suelen comenzar su comentario con un, “ya pues Rafito” malamente maletero, o un “te me caíste Rafo” que indica exactamente el punto de divergencia entre la reducida masa encefálica del navegante y el punto de vista expresado por el bloguero, que es él y sus ideas, él con su clase social encima, sus intentos de ampliar sus rangos de conocimiento, sus fobias y sus filias, pero que en principio no está peleado con nadie. Los troll ideológicos, en cambio, se levantan en la mañana no en una cama sino en una trinchera, decididos a encontrar racistas prochilenos e hispanistas y antinacionalistas hasta debajo de las piedras y denunciarlos en nombre de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, convirtiendo lo que podría ser un diálogo sencillo, transparente, amable y también sanamente áspero, en un sainete de plaza cachaca donde el improperio reemplaza a la razón y el prejuicio, al diálogo. De hoy en adelante, y mientras este blog siga en línea, estoy decidido a practicar la más absoluta intolerancia contra todos aquellos comentaristas que demostrando biliosidad y mala hostia, me escriban para denigrarme por “blanquito miraflorino”, en lugar de argumentar, disentir o mostrar acuerdo con cualquier cosa que aquí escriba. Por supuesto, no censuraré a ninguna, pero tampoco me voy a quedar callado. La tolerancia es un valor cuando quien la ejerce doblega su ego, amplía sus convicciones y deja de lado sus certezas ante la existencia de otro que sustenta miradas diferentes y hasta irritantes, todo en el marco de inteligencias elaboradas puestas al servicio de la civilización. El sujeto, enfrentado así a algo que no es su imagen en el espejo, hace de tripas corazón en nombre de la coexistencia y el intercambio humano. En situaciones así, soy tolerante, aunque a veces me cueste, pero hago todos los esfuerzos del mundo y a veces lo consigo. Pero en adelante no lo seré ni cagando cada vez que abra el buzón de comentarios y me encuentre con el “No pues Rafito”, o el “te me caíste Rafo”, porque quienes suscriben textos de esa calaña suelen entrar a las redes sociales movidos solo por la frustración, el resentimiento o en el mejor de los casos, una penosa soledad. Que se busquen compañía.
Publicado el 17/3/2010 en Caretas
domingo, 13 de noviembre de 2011
Gobernar no es tan fácil
Tres puntos de vista sobre los recientes conflictos (3)

Por: Fernando Rospigliosi
Ollanta Humala y su gente había prometido manejar y terminar con los conflictos sociales. La receta: prevención y diálogo. Creyeron descubrir la pólvora.
Una de las constataciones más preocupantes de estos cien primeros días, es la falta de liderazgo del presidente Ollanta Humala. Lo que ha ocurrido con el vicepresidente Omar Chehade es una muestra clara de ello. En el mal tratamiento de los conflictos sociales es también patente esa carencia de liderazgo.
La hora de los conflictos
Aunque era evidente que si ganaba Humala los conflictos aumentarían, muchos estaban empeñados en creer lo contrario. Las razones para el incremento de la conflictividad social están a la vista.
En primer lugar, los promotores de los conflictos han votado por Humala. Es natural que sientan que ha llegado su hora. Sus expectativas eran inmensas, no solo por el entusiasmo que despierta una campaña electoral, sino porque tenían razones para pensar que Humala en el gobierno les daría lo que pedían.
Humala y sus partidarios habían alentado en el quinquenio precedente cuanta movilización encontraban en el camino. Específicamente, el candidato presidencial se había pronunciado en Cajamarca contra la minería, como se han encargado de recordarle ahora.
En segundo lugar, el gabinete presidido por Salomón Lerner se comprometió a respetar la política económica y la inversión privada, en particular la minera. El acuerdo alcanzado con los representantes de ese sector para elevar los impuestos en 3.000 millones de soles al año, da por sentado que los proyectos mineros se incrementarán en el próximo quinquenio.
La contradicción entre ambas posiciones –las dos presentes en el gobierno– es insalvable.
En tercer lugar, el gobierno carece de la capacidad política para manejar los conflictos. Sus principales funcionarios, empezando por el presidente de la República, no los entienden. Y, peor todavía, carecen de los operadores políticos para intervenir adecuadamente. Así, las cosas terminan siempre recayendo en manos de la Policía que, además, es claramente impotente para imponer el orden. (El ministro del Interior está escondido).
Humala y Lerner dicen que el proyecto Conga seguirá adelante. Pero en Cajamarca, los congresistas humalistas y el gobernador nombrado por el gobierno se suman a las movilizaciones contra la minera. Nadie defiende la posición del Ejecutivo, ni trata de persuadir a la opinión pública de sus beneficios, ni de contrarrestar la propaganda antiminera.
En Andahuaylas, una huelga que empieza con justificada razón contra la minería informal, se convierte en una asonada contra toda la minería. Igual que en Cajamarca, nadie explica, convence, persuade.
Al final, cuando las cosas ya están fuera de control, mandan a dos ministros que no tienen ninguna experiencia en manejo de conflictos. Van a negociar, además con las carreteras tomadas. Y para colmo, lo hacen en la ciudad que es el centro de la revuelta, con la muchedumbre acechándolos. No es de extrañar que todo haya terminado en un desastre, con los ministros huyendo despavoridos y la turba apropiándose de la ciudad.
Para colmo, firman desde Lima un acta donde se comprometen a abogar por el fin de la minería en dos provincias. Una capitulación inútil, además, porque no ha logrado tranquilizar a los revoltosos que se sienten vencedores. Como es obvio también, esta derrota del gobierno va a incentivar nuevas revueltas en otros lugares del país.
¿Esa es la prevención que anunciaban? ¿No era que los humalistas sí sabían dialogar a diferencia de los anteriores?
Tienen que decidir
Los nuevos gobernantes todavía no parecen haberse dado cuenta que han sido elegidos para gobernar. Concretamente, en el caso de los recientes conflictos sociales, pretenden jugar el papel de facilitadores: se sientan en la mesa para que las empresas y los que están en contra de la minería expongan sus puntos de vista, tratando de acercarlos. Absurdo. Ese no es el rol del gobierno.
Tienen que dialogar, pero con una posición definida, tratando de persuadir a los que no están de acuerdo y haciéndoles ciertas concesiones, pero sin abdicar de su objetivo central.
Si el presidente y su entorno son conscientes que la minería es indispensable para el desarrollo del país, tienen que apoyarla y movilizar a sus operadores políticos con ese propósito. Y cesar a los enemigos de la inversión privada que ocupan cargos claves en el Estado, que están saboteándola.
Si hay empresas que no respetan las normas medioambientales, tienen que sancionarlas o cerrarlas, pero si actúan de acuerdo a la ley, respaldarlas.
O, si Humala vuelve a sus propuestas originales, que lo diga ya, que dé la razón a los antimineros y prohíba la minería en todo el país. Si este es el caso, que despida a Lerner y Miguel Castilla, y que nombre a Javier Diez Canseco y Félix Jiménez para reemplazarlos. Y que traiga de Cajamarca al presidente regional Gregorio Santos y lo nombre ministro de Energía y Minas. O al padre Marco Arana.
Pero que se defina de una vez, que asuma el liderazgo.
Publicado el 13/11/2011 en La República

Por: Fernando Rospigliosi
Ollanta Humala y su gente había prometido manejar y terminar con los conflictos sociales. La receta: prevención y diálogo. Creyeron descubrir la pólvora.
Una de las constataciones más preocupantes de estos cien primeros días, es la falta de liderazgo del presidente Ollanta Humala. Lo que ha ocurrido con el vicepresidente Omar Chehade es una muestra clara de ello. En el mal tratamiento de los conflictos sociales es también patente esa carencia de liderazgo.
La hora de los conflictos
Aunque era evidente que si ganaba Humala los conflictos aumentarían, muchos estaban empeñados en creer lo contrario. Las razones para el incremento de la conflictividad social están a la vista.
En primer lugar, los promotores de los conflictos han votado por Humala. Es natural que sientan que ha llegado su hora. Sus expectativas eran inmensas, no solo por el entusiasmo que despierta una campaña electoral, sino porque tenían razones para pensar que Humala en el gobierno les daría lo que pedían.
Humala y sus partidarios habían alentado en el quinquenio precedente cuanta movilización encontraban en el camino. Específicamente, el candidato presidencial se había pronunciado en Cajamarca contra la minería, como se han encargado de recordarle ahora.
En segundo lugar, el gabinete presidido por Salomón Lerner se comprometió a respetar la política económica y la inversión privada, en particular la minera. El acuerdo alcanzado con los representantes de ese sector para elevar los impuestos en 3.000 millones de soles al año, da por sentado que los proyectos mineros se incrementarán en el próximo quinquenio.
La contradicción entre ambas posiciones –las dos presentes en el gobierno– es insalvable.
En tercer lugar, el gobierno carece de la capacidad política para manejar los conflictos. Sus principales funcionarios, empezando por el presidente de la República, no los entienden. Y, peor todavía, carecen de los operadores políticos para intervenir adecuadamente. Así, las cosas terminan siempre recayendo en manos de la Policía que, además, es claramente impotente para imponer el orden. (El ministro del Interior está escondido).
Humala y Lerner dicen que el proyecto Conga seguirá adelante. Pero en Cajamarca, los congresistas humalistas y el gobernador nombrado por el gobierno se suman a las movilizaciones contra la minera. Nadie defiende la posición del Ejecutivo, ni trata de persuadir a la opinión pública de sus beneficios, ni de contrarrestar la propaganda antiminera.
En Andahuaylas, una huelga que empieza con justificada razón contra la minería informal, se convierte en una asonada contra toda la minería. Igual que en Cajamarca, nadie explica, convence, persuade.
Al final, cuando las cosas ya están fuera de control, mandan a dos ministros que no tienen ninguna experiencia en manejo de conflictos. Van a negociar, además con las carreteras tomadas. Y para colmo, lo hacen en la ciudad que es el centro de la revuelta, con la muchedumbre acechándolos. No es de extrañar que todo haya terminado en un desastre, con los ministros huyendo despavoridos y la turba apropiándose de la ciudad.
Para colmo, firman desde Lima un acta donde se comprometen a abogar por el fin de la minería en dos provincias. Una capitulación inútil, además, porque no ha logrado tranquilizar a los revoltosos que se sienten vencedores. Como es obvio también, esta derrota del gobierno va a incentivar nuevas revueltas en otros lugares del país.
¿Esa es la prevención que anunciaban? ¿No era que los humalistas sí sabían dialogar a diferencia de los anteriores?
Tienen que decidir
Los nuevos gobernantes todavía no parecen haberse dado cuenta que han sido elegidos para gobernar. Concretamente, en el caso de los recientes conflictos sociales, pretenden jugar el papel de facilitadores: se sientan en la mesa para que las empresas y los que están en contra de la minería expongan sus puntos de vista, tratando de acercarlos. Absurdo. Ese no es el rol del gobierno.
Tienen que dialogar, pero con una posición definida, tratando de persuadir a los que no están de acuerdo y haciéndoles ciertas concesiones, pero sin abdicar de su objetivo central.
Si el presidente y su entorno son conscientes que la minería es indispensable para el desarrollo del país, tienen que apoyarla y movilizar a sus operadores políticos con ese propósito. Y cesar a los enemigos de la inversión privada que ocupan cargos claves en el Estado, que están saboteándola.
Si hay empresas que no respetan las normas medioambientales, tienen que sancionarlas o cerrarlas, pero si actúan de acuerdo a la ley, respaldarlas.
O, si Humala vuelve a sus propuestas originales, que lo diga ya, que dé la razón a los antimineros y prohíba la minería en todo el país. Si este es el caso, que despida a Lerner y Miguel Castilla, y que nombre a Javier Diez Canseco y Félix Jiménez para reemplazarlos. Y que traiga de Cajamarca al presidente regional Gregorio Santos y lo nombre ministro de Energía y Minas. O al padre Marco Arana.
Pero que se defina de una vez, que asuma el liderazgo.
Publicado el 13/11/2011 en La República
martes, 31 de mayo de 2011
Humala es el mejor para la democracia en el Perú
Interesante análisis sobre nuestra coyuntura electoral, y lo que se viene, publicado hoy (naturalmente en inglés) en The Financial Times. Lo que ven aquí es la traducción que arroja el Google Traductor, que yo apenas he corregido pues mi inglés es bastante deplorable. El texto original pueden encontrarlo aquí.

Por Cameron Max y Michael McCarthy Marx
Este domingo, cuando los peruanos vayan a las urnas para elegir un nuevo presidente, emitirán sus votos en una caja de resonancia hecha a base de analogías (comparaciones).
En política, las analogías pueden marcar grandes diferencias. Saddam Hussein era un Adolf Hitler. Nelson Mandela fue padre de una nueva Sudáfrica. Obama representa la generación de Josué.
A veces, estas analogías dan en el blanco. Pueden revelar una verdad profunda al encontrar una conexión oculta. Otras veces son más bien parecidas a un truco de cartas, al ocultar más de lo que muestran.
El principal candidato en la primera ronda de las elecciones, Ollanta Humala, ha sido comparado con Hugo Chávez. Según sus críticos, pisoteará las instituciones democráticas del Perú y creará un régimen quasi-dictatorial que se perpetuará a si mismo.
El otro candidato, Keiko Fujimori, al que se ha llamado un caballo de Troya, que haría regresar al Perú a la década de los años 90, cuando su padre gobernaba a través de sobornos, chantajes y abusos de poder.
Estas analogías son a la vez verdaderas y falsas.
Humala no gobernaría como Chávez, porque las condiciones en el Perú son totalmente diferentes a las de Venezuela, que ocasionaron un colapso del sistema y allanaron el camino para el ascenso de Chávez al poder en 1998. La economía del Perú ha estado creciendo durante una década y millones han salido de la pobreza.
No hay cambio fundamental de las políticas que produjeron este cambio socio-económico que está en juego. Por el contrario, un debate urgente sobre la distribución de la riqueza se ha visto estimulado por la candidatura de Humala.
El boom económico de Perú se ha traducido en una reducción sustancial de la pobreza.
Hoy en día cerca de un tercio del país es pobre, por debajo de la mitad del país hace una década. Pero el crecimiento se ha concentrado en Lima y la costa. En la sierra sur y central y en la selva amazónica, la pobreza sigue siendo elevada y un enfoque de 'salvaje oeste' para la extracción de recursos naturales ha intensificado el conflicto.
Indígenas aymaras en la ciudad de Puno han capturado los titulares en medio de la campaña electoral con las protestas contra los planes de Bear Creek, un minero de Canadá, para abrir una mina de plata que los manifestantes dicen que contaminan el lago Titicaca. Una combinación de efectos ambientales negativos y una lucha por las rentas económicas generadas por estas actividades podría impulsar un nuevo ciclo de violencia y represión.
Estas presiones plantean cuestiones sobre las instituciones políticas del Perú, que no son tan robustas como los de Chile y Uruguay, por ejemplo, a menudo elogiados como los niños del cartel para la democracia en la región. Pero el cielo no se está cayendo. Un gran colapso que crearía un ambiente fértil para la misión de "Salvemos a la patria" es poco probable.
Para realizar cambios como Chávez, Humala debería una enorme coalición con hambre de transformación política. Esto no lo tiene.
Por otra parte, uno de los críticos más acérrimos de Chávez en la región, Mario Vargas Llosa, apoya ahora a Humala.
Él y otros intelectuales liberales, entre ellos su hijo Alvaro, podrían convencer a los votantes moderados indecisos que una presidencia de Keiko no sería compatible con la democracia.
Su apoyo a Humala se debe a dos factores: que Humala se ha desplazado al centro y se compromete a respetar las reglas democráticas del Perú, y la conexión directa que existe entre Keiko y su padre Alberto Fujimori, el ex presidente que ejerció el poder sin piedad y arbitrariamente en la década de 1990.
Keiko fue parte del gobierno de su padre, aunque sólo sea como "primera dama" (un doble papel que asumió después de que su madre fue brutalmente maltratada por su padre). Ella no ha repudiado las políticas de su padre, y sospechamos que lo liberarían de la cárcel donde cumple una condena de 25 años por corrupción y crímenes de lesa humanidad. De hecho, su campaña parece haber sido calculada, en parte, fuera de la penitenciaría donde el padre de Fujimori está encarcelado.
Los críticos dicen que los mismos trucos sucios que utilizaron para perpetuarse en el poder se han utilizado en su campaña.
Cuando un periodista en uno de los dos diarios pro-Humala reveló que el servicio militar de inteligencia peruano se dedicaba a trucos sucios para apoyar su campaña, el editor recibió un ramo funerario . Otro periódico que es más favorable a Humala fue comprado en masa para evitar la circulación en algunos distritos de Lima. Gran parte de los medios de comunicación está muy sesgado en contra de Humala , abandonando cualquier pretensión de neutralidad en la presentación de informes de prensa.
Si ella perdonó a su padre y atacó a los jueces que lo puso tras las rejas, existe el peligro de que la mafia entera de que corría el poder judicial y las fuerzas armadas, y que nunca fue purgado en su totalidad por los gobiernos anteriores, se reactivaría.
Luego está la cuestión clave de los intereses de gran alcance y equilibrio de poderes, la razón principal por la que representa, con mucho, el mayor peligro para la democracia del Perú.
Keiko tiene pocos incentivos para gobernar democráticamente, mientras que Humala se enfrenta a las limitaciones que pueden obligarlo a gobernar democráticamente.
Ella gobernar con la colaboración de gran alcance de los intereses de facto - las grandes empresas, los medios de comunicación, las fuerzas armadas, las fuerzas sociales más conservadoras dentro de las iglesias católica y evangélica, y gran parte de la clase política - que sería muy contentos de ver como se impuso una "mano dura" (o el puño de hierro) sobre la delincuencia y la disidencia, aplicar soluciones asistente de banda de la pobreza, y pidió sobornos a cambio de continuar "abierto para los negocios" las políticas económicas.
Humala, en cambio, sería encerrado en cada esquina. Una comunidad de negocios hostil, rabiosamente crítica de los medios, la fuerza armada nervioso, y todos los titulares de cargos de corrupción en el Congreso, los tribunales y el poder judicial que haría todo lo posible para mantener el equilibrio. La única manera para él de gobernar es tomar la tierra más alta y gobiernan democráticamente, ya que la legitimidad de su derecho a gobernar no estar respaldados por poderosos actores privados del Perú.
Todo esto nos dice que el Perú tiene un largo camino por recorrer antes de que sea una democracia estable con una buena gobernanza y las leyes. Para estos avances "consolidación democrática" que se tomen, los actores poderosos tiene que perder el poder.
Convencer a las élites que tal recalibración es un juego de suma positiva, será difícil. Pero si las élites del Perú fueron a mirar hacia el este, a través de los Andes a Brasil, se encontraría la inspiración de una élite que aprendió de los partidos políticos de un trabajador a cargo de un trabajador puede ser bueno para el negocio, bueno para la democracia, y bueno para el bienestar de la sociedad.
Como la meteorización de la región de la Gran Recesión muestra, la izquierda latinoamericana puede ser muy bueno para los negocios nacionales e internacionales. De hecho, estas elecciones, más allá de la determinación de la trayectoria futura del Perú, tienen implicaciones importantes para el "crecimiento con equidad" modelo de desarrollo.
Una presidencia de Humala ampliaría el alcance de ese modelo de democracia social. Una presidencia de Keiko dañaría la democracia y la equidad, mientras que aumentaría aún mas la fortuna de los ricos.
El peligro más grande no es que Humala se revele a sí mismo como un lobo con piel de cordero. Mas bien, nos tememos, resultará ser como Obama: que llegó al poder y encontró que podía hacer muy poco para enfrentar los profundos problemas estructurales.
Max Cameron, un especialista en el Perú, es profesor de Ciencia Política en el Centro para el Estudio de las Instituciones Democráticas de la Universidad de British Columbia. Michael Marx McCarthy es un candidato doctoral en Ciencias Políticas en la Universidad Johns Hopkins.
Publicado el 31/5/2011 en The Financial Times

Por Cameron Max y Michael McCarthy Marx
Este domingo, cuando los peruanos vayan a las urnas para elegir un nuevo presidente, emitirán sus votos en una caja de resonancia hecha a base de analogías (comparaciones).
En política, las analogías pueden marcar grandes diferencias. Saddam Hussein era un Adolf Hitler. Nelson Mandela fue padre de una nueva Sudáfrica. Obama representa la generación de Josué.
A veces, estas analogías dan en el blanco. Pueden revelar una verdad profunda al encontrar una conexión oculta. Otras veces son más bien parecidas a un truco de cartas, al ocultar más de lo que muestran.
El principal candidato en la primera ronda de las elecciones, Ollanta Humala, ha sido comparado con Hugo Chávez. Según sus críticos, pisoteará las instituciones democráticas del Perú y creará un régimen quasi-dictatorial que se perpetuará a si mismo.
El otro candidato, Keiko Fujimori, al que se ha llamado un caballo de Troya, que haría regresar al Perú a la década de los años 90, cuando su padre gobernaba a través de sobornos, chantajes y abusos de poder.
Estas analogías son a la vez verdaderas y falsas.
Humala no gobernaría como Chávez, porque las condiciones en el Perú son totalmente diferentes a las de Venezuela, que ocasionaron un colapso del sistema y allanaron el camino para el ascenso de Chávez al poder en 1998. La economía del Perú ha estado creciendo durante una década y millones han salido de la pobreza.
No hay cambio fundamental de las políticas que produjeron este cambio socio-económico que está en juego. Por el contrario, un debate urgente sobre la distribución de la riqueza se ha visto estimulado por la candidatura de Humala.
El boom económico de Perú se ha traducido en una reducción sustancial de la pobreza.
Hoy en día cerca de un tercio del país es pobre, por debajo de la mitad del país hace una década. Pero el crecimiento se ha concentrado en Lima y la costa. En la sierra sur y central y en la selva amazónica, la pobreza sigue siendo elevada y un enfoque de 'salvaje oeste' para la extracción de recursos naturales ha intensificado el conflicto.
Indígenas aymaras en la ciudad de Puno han capturado los titulares en medio de la campaña electoral con las protestas contra los planes de Bear Creek, un minero de Canadá, para abrir una mina de plata que los manifestantes dicen que contaminan el lago Titicaca. Una combinación de efectos ambientales negativos y una lucha por las rentas económicas generadas por estas actividades podría impulsar un nuevo ciclo de violencia y represión.
Estas presiones plantean cuestiones sobre las instituciones políticas del Perú, que no son tan robustas como los de Chile y Uruguay, por ejemplo, a menudo elogiados como los niños del cartel para la democracia en la región. Pero el cielo no se está cayendo. Un gran colapso que crearía un ambiente fértil para la misión de "Salvemos a la patria" es poco probable.
Para realizar cambios como Chávez, Humala debería una enorme coalición con hambre de transformación política. Esto no lo tiene.
Por otra parte, uno de los críticos más acérrimos de Chávez en la región, Mario Vargas Llosa, apoya ahora a Humala.
Él y otros intelectuales liberales, entre ellos su hijo Alvaro, podrían convencer a los votantes moderados indecisos que una presidencia de Keiko no sería compatible con la democracia.
Su apoyo a Humala se debe a dos factores: que Humala se ha desplazado al centro y se compromete a respetar las reglas democráticas del Perú, y la conexión directa que existe entre Keiko y su padre Alberto Fujimori, el ex presidente que ejerció el poder sin piedad y arbitrariamente en la década de 1990.
Keiko fue parte del gobierno de su padre, aunque sólo sea como "primera dama" (un doble papel que asumió después de que su madre fue brutalmente maltratada por su padre). Ella no ha repudiado las políticas de su padre, y sospechamos que lo liberarían de la cárcel donde cumple una condena de 25 años por corrupción y crímenes de lesa humanidad. De hecho, su campaña parece haber sido calculada, en parte, fuera de la penitenciaría donde el padre de Fujimori está encarcelado.
Los críticos dicen que los mismos trucos sucios que utilizaron para perpetuarse en el poder se han utilizado en su campaña.
Cuando un periodista en uno de los dos diarios pro-Humala reveló que el servicio militar de inteligencia peruano se dedicaba a trucos sucios para apoyar su campaña, el editor recibió un ramo funerario . Otro periódico que es más favorable a Humala fue comprado en masa para evitar la circulación en algunos distritos de Lima. Gran parte de los medios de comunicación está muy sesgado en contra de Humala , abandonando cualquier pretensión de neutralidad en la presentación de informes de prensa.
Si ella perdonó a su padre y atacó a los jueces que lo puso tras las rejas, existe el peligro de que la mafia entera de que corría el poder judicial y las fuerzas armadas, y que nunca fue purgado en su totalidad por los gobiernos anteriores, se reactivaría.
Luego está la cuestión clave de los intereses de gran alcance y equilibrio de poderes, la razón principal por la que representa, con mucho, el mayor peligro para la democracia del Perú.
Keiko tiene pocos incentivos para gobernar democráticamente, mientras que Humala se enfrenta a las limitaciones que pueden obligarlo a gobernar democráticamente.
Ella gobernar con la colaboración de gran alcance de los intereses de facto - las grandes empresas, los medios de comunicación, las fuerzas armadas, las fuerzas sociales más conservadoras dentro de las iglesias católica y evangélica, y gran parte de la clase política - que sería muy contentos de ver como se impuso una "mano dura" (o el puño de hierro) sobre la delincuencia y la disidencia, aplicar soluciones asistente de banda de la pobreza, y pidió sobornos a cambio de continuar "abierto para los negocios" las políticas económicas.
Humala, en cambio, sería encerrado en cada esquina. Una comunidad de negocios hostil, rabiosamente crítica de los medios, la fuerza armada nervioso, y todos los titulares de cargos de corrupción en el Congreso, los tribunales y el poder judicial que haría todo lo posible para mantener el equilibrio. La única manera para él de gobernar es tomar la tierra más alta y gobiernan democráticamente, ya que la legitimidad de su derecho a gobernar no estar respaldados por poderosos actores privados del Perú.
Todo esto nos dice que el Perú tiene un largo camino por recorrer antes de que sea una democracia estable con una buena gobernanza y las leyes. Para estos avances "consolidación democrática" que se tomen, los actores poderosos tiene que perder el poder.
Convencer a las élites que tal recalibración es un juego de suma positiva, será difícil. Pero si las élites del Perú fueron a mirar hacia el este, a través de los Andes a Brasil, se encontraría la inspiración de una élite que aprendió de los partidos políticos de un trabajador a cargo de un trabajador puede ser bueno para el negocio, bueno para la democracia, y bueno para el bienestar de la sociedad.
Como la meteorización de la región de la Gran Recesión muestra, la izquierda latinoamericana puede ser muy bueno para los negocios nacionales e internacionales. De hecho, estas elecciones, más allá de la determinación de la trayectoria futura del Perú, tienen implicaciones importantes para el "crecimiento con equidad" modelo de desarrollo.
Una presidencia de Humala ampliaría el alcance de ese modelo de democracia social. Una presidencia de Keiko dañaría la democracia y la equidad, mientras que aumentaría aún mas la fortuna de los ricos.
El peligro más grande no es que Humala se revele a sí mismo como un lobo con piel de cordero. Mas bien, nos tememos, resultará ser como Obama: que llegó al poder y encontró que podía hacer muy poco para enfrentar los profundos problemas estructurales.
Max Cameron, un especialista en el Perú, es profesor de Ciencia Política en el Centro para el Estudio de las Instituciones Democráticas de la Universidad de British Columbia. Michael Marx McCarthy es un candidato doctoral en Ciencias Políticas en la Universidad Johns Hopkins.
Publicado el 31/5/2011 en The Financial Times
miércoles, 27 de abril de 2011
Cuidado con los que asustan
Artículo publicado en la página editorial de El Comercio

Por Carolina Benavides (Psicóloga)
La primera vuelta electoral ha arrojado un resultado que refleja hechos por todos conocidos: la abismal escisión social, la indignación de millones de compatriotas conscientes de la inaguantable inequidad con una consecuente situación laboral abominable, así como la nostalgia de muchos pobres desprevenidos por la letal alianza entre la “mano dura” y la “mano abierta” con el dinero público.
A mi parecer, es lamentable que de cara a la segunda vuelta, en lugar de extraer conclusiones que conduzcan a atenuar los odios, acercando posiciones entre los compatriotas de bien, se afilen los cuchillos y se aceite la maquinaria millonaria que una vez más apela a los recónditos temores de las personas vacilantes. De nuevo se les asusta con la pronta aparición del cuco de inspiración caribeña que las despojará de su escuálida o abultada billetera. Cual Nostradamus criollos, afirmarán que el mundo se acabará, no el 3797, sino el 28 de julio del 2011.
En realidad, los verdaderos privilegiados, que orquestan o bancan la campaña de demolición del candidato puntero sí se asustan ante la posibilidad de que se establezcan elementales derechos laborales, que se eliminen las formas denigrantes de tercerización de servicios, que en lugar de quedarse con beneficios de miles de millones tengan que compartir con sus empleados y obreros un razonable pedazo del pastel, algo sobreentendido en los países con mayor nivel de desarrollo.
Estas angustias propias de su codicia no procesada son trasladadas a los que objetivamente poco tienen que perder. El procedimiento puede resultar eficaz porque nada mueve más a las personas sin mayores alternativas espirituales o intelectuales que el sueño de alcanzar algún día la riqueza que por ahora solo conocen de oídas. Parece ser que lamentablemente algunos líderes políticos no reparan, o no quieren reparar, en la proverbial profecía autocumplida. A fuerza de chillar que viene el lobo, acabarán por atraerlo.
Lo constructivo es algo totalmente opuesto: consiste en forjar alianzas entre los sectores democráticos que garanticen la mutua vigilancia crítica dentro de reglas claramente trazadas. La decepción para los más mezquinos consiste en que de obrar de este modo el único peligro radicaría en la constatación de que los lobos feroces solo existen en las fábulas y que por tanto no se librarían de ejercer un mayor desprendimiento con los que su mano de obra labran su riqueza. Lo que resulta inaceptable es que se sostenga, sin asomo de conciencia, que la amenaza provendría de lo desconocido, sin mencionar con siquiera una palabra que estamos ante el horror del retorno de los que saquearon el Perú, pretendieron perennizarse en el poder tras un golpe de Estado y justificaron La Cantuta y Barrios Altos.
Publicado el 27/4/2011 en El Comercio

Por Carolina Benavides (Psicóloga)
La primera vuelta electoral ha arrojado un resultado que refleja hechos por todos conocidos: la abismal escisión social, la indignación de millones de compatriotas conscientes de la inaguantable inequidad con una consecuente situación laboral abominable, así como la nostalgia de muchos pobres desprevenidos por la letal alianza entre la “mano dura” y la “mano abierta” con el dinero público.
A mi parecer, es lamentable que de cara a la segunda vuelta, en lugar de extraer conclusiones que conduzcan a atenuar los odios, acercando posiciones entre los compatriotas de bien, se afilen los cuchillos y se aceite la maquinaria millonaria que una vez más apela a los recónditos temores de las personas vacilantes. De nuevo se les asusta con la pronta aparición del cuco de inspiración caribeña que las despojará de su escuálida o abultada billetera. Cual Nostradamus criollos, afirmarán que el mundo se acabará, no el 3797, sino el 28 de julio del 2011.
En realidad, los verdaderos privilegiados, que orquestan o bancan la campaña de demolición del candidato puntero sí se asustan ante la posibilidad de que se establezcan elementales derechos laborales, que se eliminen las formas denigrantes de tercerización de servicios, que en lugar de quedarse con beneficios de miles de millones tengan que compartir con sus empleados y obreros un razonable pedazo del pastel, algo sobreentendido en los países con mayor nivel de desarrollo.
Estas angustias propias de su codicia no procesada son trasladadas a los que objetivamente poco tienen que perder. El procedimiento puede resultar eficaz porque nada mueve más a las personas sin mayores alternativas espirituales o intelectuales que el sueño de alcanzar algún día la riqueza que por ahora solo conocen de oídas. Parece ser que lamentablemente algunos líderes políticos no reparan, o no quieren reparar, en la proverbial profecía autocumplida. A fuerza de chillar que viene el lobo, acabarán por atraerlo.
Lo constructivo es algo totalmente opuesto: consiste en forjar alianzas entre los sectores democráticos que garanticen la mutua vigilancia crítica dentro de reglas claramente trazadas. La decepción para los más mezquinos consiste en que de obrar de este modo el único peligro radicaría en la constatación de que los lobos feroces solo existen en las fábulas y que por tanto no se librarían de ejercer un mayor desprendimiento con los que su mano de obra labran su riqueza. Lo que resulta inaceptable es que se sostenga, sin asomo de conciencia, que la amenaza provendría de lo desconocido, sin mencionar con siquiera una palabra que estamos ante el horror del retorno de los que saquearon el Perú, pretendieron perennizarse en el poder tras un golpe de Estado y justificaron La Cantuta y Barrios Altos.
Publicado el 27/4/2011 en El Comercio
El triste perdón
Artículo publicado en la página editorial de El Comercio

Por Abelardo Sánchez León
Los amigos tomaron la sabia decisión de no discutir de política, pero la Semana Santa no escapó a la tentación de tener su color político. Incluso la palabra perdón, esencia del espíritu cristiano, estuvo envuelta por intereses creados. Los primeros en ser perdonados fueron los díscolos futbolistas Farfán, Galliquio y Manco, las tres joyas del Canal de Panamá. Es cierto que el entrenador Sergio Markarián tiene una profunda inclinación religiosa, pero su decisión tuvo mucho del ánimo negociador y escogió la fecha indicada.
Keiko Fujimori ha esperado estos días religiosos para declarar que el gobierno de su padre fue autoritario y pedirle perdón al pueblo peruano por los errores cometidos. ¿Errores o delitos? Yo pienso que hubo errores, pero también graves delitos. Sin duda, su perdón debe haber considerado el lúcido artículo de Mario Vargas Llosa que describe el gobierno de su padre como de ladrones y asesinos. Sin embargo, lo más importante que debemos rescatar es si Keiko ha perdonado a su padre por los actos de violencia doméstica cometidos contra su madre en Palacio de Gobierno, teniendo como testigos los atónitos ojos del país. Recordemos que el presidente Alberto Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos encerraron a Susana Higuchi en sus habitaciones. Su posterior comportamiento, alicaído por las torturas psicológicas, abrió serias interrogantes acerca de su salud. ¿Keiko Fujimori ha perdonado a su padre por lo que le hizo a su madre? No olvidemos que ella ocupó su lugar cuando ejerció el cargo de primera dama. Keiko Fujimori reemplazó a Susana Higuchi y una década después pretende gobernar acorde a los consejos de su padre.
Las palabras del cardenal Juan Luis Cipriani no tuvieron ese hálito cálido que esos días aguardan y se enfocaron, más bien, en criticar a Mario Vargas Llosa por su decisión pública de votar por Ollanta Humala. ¿Por qué le recuerda al escritor su cercanía con la revolución cubana, si nuestro escritor es desde hace más de 20 años un militante de la doctrina liberal y vive alejado de toda manifestación de izquierda? ¿Por qué entra a discutir asuntos terrenales en días de paz espiritual? Un país que no ha sabido perdonarse, que no es capaz de reconciliarse, cuyas gentes se desconocen entre sí, no logra hallar el tono sincero de la verdad. La premura por ganar el voto de los indecisos invita, más bien, a la mentira y no necesariamente al sincero perdón.
Publicado el 27/4/2011 en El Comercio

Por Abelardo Sánchez León
Los amigos tomaron la sabia decisión de no discutir de política, pero la Semana Santa no escapó a la tentación de tener su color político. Incluso la palabra perdón, esencia del espíritu cristiano, estuvo envuelta por intereses creados. Los primeros en ser perdonados fueron los díscolos futbolistas Farfán, Galliquio y Manco, las tres joyas del Canal de Panamá. Es cierto que el entrenador Sergio Markarián tiene una profunda inclinación religiosa, pero su decisión tuvo mucho del ánimo negociador y escogió la fecha indicada.
Keiko Fujimori ha esperado estos días religiosos para declarar que el gobierno de su padre fue autoritario y pedirle perdón al pueblo peruano por los errores cometidos. ¿Errores o delitos? Yo pienso que hubo errores, pero también graves delitos. Sin duda, su perdón debe haber considerado el lúcido artículo de Mario Vargas Llosa que describe el gobierno de su padre como de ladrones y asesinos. Sin embargo, lo más importante que debemos rescatar es si Keiko ha perdonado a su padre por los actos de violencia doméstica cometidos contra su madre en Palacio de Gobierno, teniendo como testigos los atónitos ojos del país. Recordemos que el presidente Alberto Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos encerraron a Susana Higuchi en sus habitaciones. Su posterior comportamiento, alicaído por las torturas psicológicas, abrió serias interrogantes acerca de su salud. ¿Keiko Fujimori ha perdonado a su padre por lo que le hizo a su madre? No olvidemos que ella ocupó su lugar cuando ejerció el cargo de primera dama. Keiko Fujimori reemplazó a Susana Higuchi y una década después pretende gobernar acorde a los consejos de su padre.
Las palabras del cardenal Juan Luis Cipriani no tuvieron ese hálito cálido que esos días aguardan y se enfocaron, más bien, en criticar a Mario Vargas Llosa por su decisión pública de votar por Ollanta Humala. ¿Por qué le recuerda al escritor su cercanía con la revolución cubana, si nuestro escritor es desde hace más de 20 años un militante de la doctrina liberal y vive alejado de toda manifestación de izquierda? ¿Por qué entra a discutir asuntos terrenales en días de paz espiritual? Un país que no ha sabido perdonarse, que no es capaz de reconciliarse, cuyas gentes se desconocen entre sí, no logra hallar el tono sincero de la verdad. La premura por ganar el voto de los indecisos invita, más bien, a la mentira y no necesariamente al sincero perdón.
Publicado el 27/4/2011 en El Comercio
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