miércoles, 8 de julio de 2015

¡Pobre mi país!


Comentarios en un post en Facebook sobre la visita a España del presidente Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia:

Con un vestidito de Gamarra hubiese estado mejor

Era un homenaje al tamal.

Como se nota quien es la reina…

Es evidente la falta de roce social.

Dios santo este par dando verguenza en España.

Tienes razón, fue lo mismo que pensé, además allí todo dorado, su vestido parecía parte del brocado de los muebles. El vestido más feo que pudo usar.

Me leiste la mente....y cerca de palacio aun quedan casas de novios..ollanta se pudo alquilar un frac

¡Qué puede saber el burro de alfajores si nunca ha sido pastelero...!

Que diferencia con la barbie asturiana, que elegante Letizia

Para mi letizia le gana en muchos aspectos a la primera dama. Nadine ni se puede comparar con letizia

La reyna tiene elegancia por eso es Doña Leticia, pero nadine es sólo nadine

La clase y el estilo, ni con todo el dinero del mundo se compra.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Letizia es la Reina de España y nada que ver con Nadine Heredia, esta ultima no le llega ni a la punta de los zapatos

Es que no entienden....queria ser conjunto con el tapiz de la sala de la reina!!

Horroroso, parece un tamal mal envuelto

Solo va a codearse con la realeza, q ella no es ni lo sera,,,

Waooo los Reyes de España y sus mascotas

La mona aunque se vista de seda mona queda, jejeje

Mal vestida, mal peinada, debería contratar una asesora de imagen. No tiene ni garbo, ni presencia ni elegancia como la reyna 
Ninguna tarjeta de credito le podrá comprar CLASE!

Y siempre con las mismas greñas! L falta asesoría realmente

Kiassssscooooo COMO LA COMPARAN con su majestad XFAVOOR!!!! La engendro aunque se ponga seda..... ENGENDRO SE QUEDA!

Así como la clase y la nobleza se llevan en la sangre...el buen gusto también...

Pobre, a más esfuerzo, más ridícula.

No es el vestido es que no tiene el performance es decir así la vistas bien no tiene la actitud para caminar bien derecha hombros atrás tacos de cuña caminar pateando hombros rectos brazos casi en L para que se vea acogedor eso te enseñan o lo aprende. Aquí en verdad, sin ser frívola, Así la mona se vista de seda Mona se queda

Que bichos por dios

Que lastima y que verguenza para nuestro pais, la primera dama no aprendio nada de clase, ni de protocolo,lo peor es quienes la asesoran son gente tan ignorante en la materia como ella, que verguenza parece la ama de llaves de Doña Letizia

O sea como te explicamos que la mona aunque se vista de seda mona se queda?? o acaso te crees que la juventud da clase??? por favor... no es racismo pero hasta entre los cerdos hay clases

Nadine SIEMPRE hace el ridículo.

Aunque la mona se vista de seda... mona se queda!

Cruda realidad!

Dan vergüenza los humala al lado de la pareja real

Para comparar , se compara Manzana con Manzanas....no Manzana con ollucos , los ollucos son ricos tal como las Manzanas pero no se pasen Pues .......,!!!! Jajajajaja

El Presidente y la Primera Dama siempre tienen que estar a la altura de las circunstancias mas allá de todo lo que pueda ver alrededor de ellos pues en estas ocasiones tienen q estar a la altura ..imaginense es la realeza nada menos...pero la clase no se hereda ..dice el dicho mono así se vista de seda mono queda.

La reina está hermosa, parece que va a bailar marinera. Nadine no puede ni respirar.

El virreizuelo a su majestad. ¿Y la conejilla de Indias?

Parecen dos Gnomos entre los reyes de España.

Nadine la mesera de la regia de Letizia!!!

Por Dios aunque la mona se vista de seda mona se queda debió recogerse el cabello otro traje que corriente se ve

Definitivamente no tiene gusto ni clase, pobre diabla!!

La verdad ese vestido parece de mesera de chifa

Canal 2 ahorita..!! que verguenza , todos los hombres con frac y Humala... un terno misiaso...!! y nadine... sin comentarios... tamal mal envuelto es poco...!!!

En cambio basta observar a Doña Leticia, toda una dama, elegante, con clase. todo lo q se pone lo luce bien.!!!!

Esta Primera Dama peruana necesita a gritos de una "stylist' para que le haga un "complete make-over"!

Tanta plata que se gastó esta hija de puta en NYC... Mona de seda.

Nadine parece la natacha de la reina y humala su chofer

¡Qué pena, hacer estos papelones representándonos a nosotros, los que no nos queremos ver representados ni así ni por esos personajes!

¿Y por qué se toman la foto con el mayordomo?

Años luz, le falta Heredia para ser de clase! Horrendo vestido, postura y actitud!

Que se vaya a París a vivir 10 años y aprenda de clase y buen gusto. Ahí si todas las cholitas peruanas la van adular y tomar como ejemplo...

Ayer vi las criticas para nadine por RPP TV Jose Miguel Valdivia, de una forma muy suave y elegante, LA DESTRuYO !!!

Lo que natura no da...

Clorinda Málaga de Prado junto a Jackie Kennedy. Eran otros tiempos.

(Este último comentario es de un sesentero como yo, por supuesto también hay imbéciles de mi generación. Pobre mi país)

jueves, 2 de julio de 2015

sábado, 27 de junio de 2015

Cómo hablar y escribir en Posmoderno

Primero que todo, debe recordar que el lenguaje sencillo y cotidiano está fuera de lugar. Es demasiado realista, modernista y evidente. El lenguaje posmoderno requiere que usted use metáforas, jerigonza universitaria y expresiones indeterminadas para que sus demoledores y profundos aportes salten a la vista. A menudo este puede ser un requisito difícil de cumplir, caso en el que un lenguaje indescifrable es el sustituto perfecto. Por ejemplo, imagine que quiere decir algo como: “La sabiduría milenaria de los indígenas puede ayudarnos a ver de otra forma el malestar de la cultura occidental”. Esto es claro pero muy simple. Tomemos la expresión “sabiduría milenaria”. Un hablante posmoderno puede cambiarla por “el discurso” o, mejor aún, por “los discursos” o, todavía mejor, por “los efectos de realidad de los discursos”. Agregue un adjetivo como “intertextual”, y listo. “Indígenas” también es demasiado insulso. ¿Qué tal “el otro postcolonial”?

Pero hablar en posmoderno también implica usar con propiedad términos que indiquen su familiaridad con la mayor cantidad de prejuicios posibles; además del infaltable ingrediente racista y sexista, es indispensable estar familiarizado con el psicoanálisis (ya sea que lo administre o lo padezca). Por ejemplo, con el falogocentrismo (fijación masculina combinada con la racionalidad de la lógica binaria). Y eso de “ver de otra forma” también está fuera de lugar, es mejor “la aprehensión de un devenir alterno”. Finalmente, “el malestar de la cultura” es demasiado plano y ya lo usó Freud. Use verbos y frases más ingeniosas como “mediar nuestras identidades”. Así, la oración final puede decir algo como: “Debemos deconstruir la intertextualidad de los efectos de realidad de los discursos del otro postcolonial, ajeno a la metanarrativa de Occidente, para aprehender el devenir alterno de las desviaciones falogocéntricas que median nuestras identidades”. ¡Ahora usted sí está hablando como todo un posmoderno!

Algunas veces puede estar en algún apuro, caso en el cual debe disponer de un número mínimo de sinónimos posmodernos y neologismos necesarios para afrontar un evento público. Recuerde, no saber de qué está hablando no está mal siempre y cuando, diga lo que diga, lo diga convencido y de la forma adecuada. Esto me lleva a un segundo aspecto básico para expresarse en posmoderno: usar muchos sufijos, prefijos, guiones, cursivas, subrayados y cualquier otra cosa que su computador (imprescindible si quiere escribir en posmoderno) pueda ofrecer. Para no perder tiempo diseñe un cuadro con tres columnas.

En la columna A coloque los prefijos: post-, hiper-, pre-, dis-, re-, ex- y contra- En la columna B coloque los sufijos y terminaciones relacionadas: -ismo, -itis, -alidad, -ación, -itividad y –tricidad. En la columna C coloque una serie de nombres respetables, conocidos y que impresionen, por ejemplo, Barthes (barthesiano), Foucault (foucaultiano, foucaultianismo), Derrida (derrideano, derrideanismo). Citar a “Canclini” (el hijo perdido de Bordieu) o a las “culturas híbridas” cae como anillo al dedo. No hay problema si también lo cita como “García Canclini”; parece que es el mismo tipo. Si es seguidor de la Nueva Era y ha visto películas del Dalai Lama o Jackie Chan, no dude en agregar el ingrediente oriental de conocimiento interior, armonía social y relatividad de todas las religiones, y remate con algún aforismo (de lectura múltiple) de Nietzsche, Cioran o Walter Mercado.

Ahora probemos. Usted quiere decir algo como: “El sujeto es una creación histórica y social”. Éste es un buen pensamiento pero, desde luego, un mal comienzo. Usted no llegará a la segunda taza de té con una frase como esa. De hecho, después de decir algo así podría suceder que el auditorio quede desierto y no se lo vuelvan a prestar. Relájese. Vaya a sus tres columnas. Primero, el prefijo meta- es útil, tanto como lo es post-, y si caben varios al tiempo es formidable. Mejor algo como “metanarrativa posthistórica”, pero sea creativo. “El sujeto es una deconstrucción de metanarrativas transhistóricas” es prometedor. En cambio, “creación histórica” deja mucho que desear. Le sugiero que vaya a la columna B. ¿Qué tal “vanguardismo”?, o puede ser más posmoderno introducir una categoría indeterminada como “transvanguardismo híbrido”. Ahora, vaya a la columna C y escoja un autor renombrado, o sea importante, pero del cual sea casi imposible hablar en términos sencillos porque ya nadie tiene tiempo o ganas de leerlo con juicio.

Los teóricos del continente europeo son de lo mejor, y cuando tenga dudas, lo ideal es un autor francés decepcionado del Mayo del 68. Le recomiendo al filósofo Michel Foucault, que escribió varios tratados sobre el sujeto y el poder. No tiene que leerlos completos, ni siguiera entenderlos; basta con que haga alguna alusión a las “epistemes” y mencione de pasada al famoso señor. Finalmente, agregue algo de suspenso y emoción como para que dé la impresión de que está interesado en hablar de algo concreto, y no olvide los guiones y los paréntesis. ¿Qué tiene ahora? “El sujeto contemporáneo es una deconstrucción de metanarrativas transhistóricas que, dentro del nuevo episteme del transvanguardismo híbrido, trasciende las nacionalidades ficticias (producto de prenociones etnocéntricas) inscritas en lógicas diferenciales y polivalentes que, como lo ha demostrado Foucault (no olvide que se pronuncia Fukó), son hábilmente reconstituidas de la semilla de un pensamiento prístino”.

Debe estar atento a escuchar una oferta de trabajo de algún postindustrial interesado en usted para que dirija su departamento de asistencia social o, mejor aún, para que le dé clases privadas a la hija. En el caso de que alguien llegue a preguntarle de qué diablos está usted hablando, tranquilo. Este riesgo lo corren todos aquellos que hablan en posmoderno, y debe evitarse en lo posible. Llegado el caso debe mirar a su interlocutor con extrañeza, como un bicho raro, como si no hubiera captado la esencia de su discurso, y en ese momento debe decirle que la pregunta “simplifica el discurso”. Si eso no funciona, usted puede ser atacado por la tentación y pronunciar esa terrible respuesta modernista de tres palabras: “No lo sé”. Pero no, conserve la calma, tome aire, vea de reojo al inoportuno, después al auditorio como quien mira llover y diga algo como: “Su pregunta me resulta muy interesante. Sin embargo, su intertextualidad define un grupo de relaciones entre enunciados dispersos y heteróclitos, cuya eficacia simbólica y significado me resultan arbitrarios. Esto muestra que los principios de individuación generativa del sujeto son un tema que no se puede agotar en una conferencia, quizá ni siquiera en un semestre”. ¿Más preguntas? ¿No? Pues bien, que ahora sí sirvan el té con galletas.

Extracto de Speak and Write Posmodern de Stephen Katz


viernes, 29 de mayo de 2015

domingo, 17 de mayo de 2015

Advierten que Agro contamina los ríos más que la minería

Los que más contaminan son los cultivos de papa y de arroz, y en general las actividades de riego. El agro usa el 80% del agua y la minería solo 2% , señalan especialistas.

El decir que la minería es el principal contaminador de los ríos en el Perú es un mito, pues más que esa actividad la agricultura es una mayor contaminante de esas fuentes de agua en el campo, y en las ciudades los que más las contaminan son las poblaciones.

Así coincidieron en señalar Antonio Brack, ex ministro del Ambiente, y Nicole Bernex, directora del Centro de Investigación en Geografía Aplicada de la Universidad Católica, al tocar el tema del agua y el ordenamiento territorial, en la 30 Convención Minera. Si es que existen aún residuos de minerales en diversas fuentes de agua, es por pasivos mineros antiguos, o porque se producen accidentes en los relaves, pero en general la minería formal no es una fuente contaminante de los ríos, aseveró Brack.

Insumos. En el caso de la agricultura, la mayor contaminación la ocasiona al vertimiento de insumos químicos como el Paratión, que es usado por la mayoría de los cultivos de papa, y que con el riego por inundación van a parar a los ríos, según indicó Bernex. Otro gran contaminante son los cultivos de arroz, que producen emanaciones de metano, que es un gas de efecto invernadero, anotó. Gestión

miércoles, 21 de enero de 2015

Heduardo con hache


Por Mario Vargas Llosa

La caricatura es un arte cruel: consiste en magnificar la imperfección humana y convertirla en pretexto de risa. Se comprende que la política haya sido el territorio más propicio para el cultivo de semejante género, que encuentra en esa actividad, que suele ser vía de escape para las pasiones menos nobles, un inagotable filón.

Además de inmisericordiosa y tremebunda, la caricatura política, si es fiel a su naturaleza, debe ser crítica, inconforme, sedicente. La alabanza no le conviene, el incienso inevitablemente la entristece (lo que en su caso significa la muerte). Esa es su contribución a la sociedad: espolear sin descanso el espíritu de resistencia, orientar la indignación y el rechazo hacia esos personajes, hechos e instituciones políticas a los que, transformados en imágenes grandilocuentes y feroces, avienta a la vindicta pública.

Gracias a su vocación irreverente, iconoclasta, ella es un buen antídoto contra la idolatría; sus monigotes impiden que se constituyan, o que se eternicen, los mitos políticos. Sus ácidos corroen con facilidad a esos hombres-estatuas –generalísimos, benefactores de la patria, caudillos, jefes máximos, comisarios–, haciendo que las gentes les pierdan el respeto y delatando, gracias a la exageración, que es su arma preferida, la sustancia bufonesca que habita en todos ellos. Nada es sagrado, respetable, para la caricatura política y por eso no es extraño que cometa injusticias, ridiculizando y zahiriendo también a los mejores, a quienes representan el idealismo y la integridad. No importa. También a los justos les hace bien pasar la prueba de fuego de la burla y el chiste, ser de este modo seleccionados sobre sus limitaciones y entrenados para recibir críticas.

La caricatura política y la libertad son hermanas siamesas, no existen la una sin la otra, su suerte está sellada. Para saber cuál es el grado de libertad que existe en un país basta averiguar el estado en que se halla el género; si éste prolifera en revistas y periódicos, en libros y en pantallas, con un alto nivel de creatividad –es decir, de crueldad e inconformidad– aquélla ha arraigado y se trata de un país con hombres libres. No es casual que en los regímenes autoritarios este arte haya declinado o se haya extinguido, que sea inconcebible imaginarlo floreciendo a la sombre del Kremlin, de Fidel Castro, de Pinochet, de los generales argentinos, o del ayatola Jomeini. Así, aunque malvada e injusta, la caricatura política es siempre símbolo viviente de la libertad.

Estas consideraciones vienen a propósito de una joven caricaturista peruano, tan tímido e inhibido, tan modesto, que, como para ocultarse, ha antepuesto a manera de antifaz una hache a su nombre: Heduardo. Cuando coge el lápiz y la cartulina, sin embargo, la timidez desaparece y la reemplaza una osadía sin barreras, una imaginación crítica cuyos dardos envenenados dan siempre en el centro del blanco. Es, sin duda, el mejor caricaturista político que ha tenido el Perú en muchos años (por lo menos desde que Xanno dejó de hacer sus famosos hídridos en “La Prensa” de los años cuarenta) y el que practica su arte con más limpieza moral y con más genuina vocación libertaria.

Pero, antes que esos méritos, hay en Heduardo una cualidad básica que, cuando falta, hace innecesarias todas las demás: la destreza artística. Es un dibujante original, inventivo, de mano agresiva, cuyos disparos más mortíferos provienen no sólo de las palabras que emiten sus personajes, sino simultáneamente de los rasgos de sus caras, de sus inusitadas siluetas, de sus posturas y atuendos. En pocos años ha creado algunos tipos que con todo derecho merecen figurar en la zoología política universal más exclusiva. Pienso en su pareja “Don Burguesini y su mayordomo”, y, sobre todo, en las dos especies de homínidos que parecen su principal fuente de inspiración: intelectuales y generales. Es difícil establecer a quiénes, entre los dos, prefiere, es decir, cuáles le parecen más irreales y más nocivos en su manera de obrar o de pensar en el dominio político.

Los intelectuales de Heduardo son barbados, calvitos, viejos precoces, siempre con gafas, y entre sus protuberancias destaca indefectiblemente la nariz (por grande o por torcida). Peroran sin descanso y aunque aparecen de a dos y de a tres no dialogan, mantienen monólogos paralelos intocables. Está, cada uno, encerrado en una cárcel de eslogans que lo obnubila y que, se diría, lo ha privado del gusto a la vida: es imposible saber si son demagogos por estúpidos o viceversa. En todo caso, lo evidente es que están dispuestos a aceptar todos los estropicios y todas las dictaduras siempre y cuando la coartada ideológica que esgriman sea ‘progresista’.

Pero todavía más plásticos que los intelectuales obtusos de Heduardo son sus generales. En la vaga división doctrinaria de su fauna, aquéllos representan la izquierda; éstos, la reacción. Salen derechito de las cavernas donde vivía el hombre de Cromagnon y las jorobas que los aquejan parecen el resultado del uso continuo, inmoderado, del garrote. Por su osatura y movimientos, boca y extremidades están más cerca del simio que del hombre (aunque sus luces intelectuales sean de una escala todavía inferior). Visten siempre muy condecorados y esa enorme nube negra que los aureola es el techo de sus quepis, que, con certeza, disimula un voluminoso chichón en el cráneo. Todos son prognáticos y dolicocéfalos. Su ideología es clara y contundente, cabe en una frase: la fuerza justifica todo. Son tan poderosos que pueden darse el lujo de la sinceridad. En tanto que los intelectuales de Heduardo mienten como quien respira, sus generales dicen la verdad, y exhiben candorosamente sus apetitos, sus abusos, sus vicios. Entre ambos especímenes, confuso, aturdido, maltratado, olvidado y desdeñado por unos y otros, aparece a veces en los dibujos de Heduardo, una figurilla patética: el hombre común, el ciudadano anónimo.

Heduardo hace reir siempre, pero sus monigotes, además, como en el poema de Vallejo, dejan al hombre pensando. Sus caricaturas tienen un mensaje, pero no ideológico, es decir prefabricado, del que ellas vendrían a ser una mera ilustración. Es posible que él mismo ignore la naturaleza de ese mensaje. Pero no hay duda que está allí, disuelto en el entresijo de sus hombrecillos grotescos. Porque Heduardo, trabajando al día, absorbido por la transeúnte actualidad, ha sabido identificar en ese vertiginoso desfile de acontecimientos ciertas constantes trágicas sobre las cuales sus cartulinas dan testimonio incesante: el fanatismo y  la brutalidad que signan nuestra historia. En tanto que unos viven ciegos, fuera de la realidad, embriagados en abstracciones delirantes, los otros se permiten todos los excesos amparados en el monopolio de la fuerza que detentan. Aunque adversarios, ambos tienen muchas cosas en común: su desprecio e ignorancia del “otro”, su ineptitud para el diálogo, su cerrazón ante la crítica. Mientras no salgamos del círculo vicioso que ambas mentalidades encarnan –nos hace entender Heduardo sin decirlo y acaso sin quererlo– jamás reinará entre nosotros esa libertad que él tan felizmente practica en sus dibujos.

Lima, enero, 1980.


Columna “Piedra de Toque” de Mario Vargas Llosa, 28 de enero de 1980, edición N° 585 de la revista Caretas