sábado, 27 de junio de 2015

Cómo hablar y escribir en Posmoderno

Primero que todo, debe recordar que el lenguaje sencillo y cotidiano está fuera de lugar. Es demasiado realista, modernista y evidente. El lenguaje posmoderno requiere que usted use metáforas, jerigonza universitaria y expresiones indeterminadas para que sus demoledores y profundos aportes salten a la vista. A menudo este puede ser un requisito difícil de cumplir, caso en el que un lenguaje indescifrable es el sustituto perfecto. Por ejemplo, imagine que quiere decir algo como: “La sabiduría milenaria de los indígenas puede ayudarnos a ver de otra forma el malestar de la cultura occidental”. Esto es claro pero muy simple. Tomemos la expresión “sabiduría milenaria”. Un hablante posmoderno puede cambiarla por “el discurso” o, mejor aún, por “los discursos” o, todavía mejor, por “los efectos de realidad de los discursos”. Agregue un adjetivo como “intertextual”, y listo. “Indígenas” también es demasiado insulso. ¿Qué tal “el otro postcolonial”?

Pero hablar en posmoderno también implica usar con propiedad términos que indiquen su familiaridad con la mayor cantidad de prejuicios posibles; además del infaltable ingrediente racista y sexista, es indispensable estar familiarizado con el psicoanálisis (ya sea que lo administre o lo padezca). Por ejemplo, con el falogocentrismo (fijación masculina combinada con la racionalidad de la lógica binaria). Y eso de “ver de otra forma” también está fuera de lugar, es mejor “la aprehensión de un devenir alterno”. Finalmente, “el malestar de la cultura” es demasiado plano y ya lo usó Freud. Use verbos y frases más ingeniosas como “mediar nuestras identidades”. Así, la oración final puede decir algo como: “Debemos deconstruir la intertextualidad de los efectos de realidad de los discursos del otro postcolonial, ajeno a la metanarrativa de Occidente, para aprehender el devenir alterno de las desviaciones falogocéntricas que median nuestras identidades”. ¡Ahora usted sí está hablando como todo un posmoderno!

Algunas veces puede estar en algún apuro, caso en el cual debe disponer de un número mínimo de sinónimos posmodernos y neologismos necesarios para afrontar un evento público. Recuerde, no saber de qué está hablando no está mal siempre y cuando, diga lo que diga, lo diga convencido y de la forma adecuada. Esto me lleva a un segundo aspecto básico para expresarse en posmoderno: usar muchos sufijos, prefijos, guiones, cursivas, subrayados y cualquier otra cosa que su computador (imprescindible si quiere escribir en posmoderno) pueda ofrecer. Para no perder tiempo diseñe un cuadro con tres columnas.

En la columna A coloque los prefijos: post-, hiper-, pre-, dis-, re-, ex- y contra- En la columna B coloque los sufijos y terminaciones relacionadas: -ismo, -itis, -alidad, -ación, -itividad y –tricidad. En la columna C coloque una serie de nombres respetables, conocidos y que impresionen, por ejemplo, Barthes (barthesiano), Foucault (foucaultiano, foucaultianismo), Derrida (derrideano, derrideanismo). Citar a “Canclini” (el hijo perdido de Bordieu) o a las “culturas híbridas” cae como anillo al dedo. No hay problema si también lo cita como “García Canclini”; parece que es el mismo tipo. Si es seguidor de la Nueva Era y ha visto películas del Dalai Lama o Jackie Chan, no dude en agregar el ingrediente oriental de conocimiento interior, armonía social y relatividad de todas las religiones, y remate con algún aforismo (de lectura múltiple) de Nietzsche, Cioran o Walter Mercado.

Ahora probemos. Usted quiere decir algo como: “El sujeto es una creación histórica y social”. Éste es un buen pensamiento pero, desde luego, un mal comienzo. Usted no llegará a la segunda taza de té con una frase como esa. De hecho, después de decir algo así podría suceder que el auditorio quede desierto y no se lo vuelvan a prestar. Relájese. Vaya a sus tres columnas. Primero, el prefijo meta- es útil, tanto como lo es post-, y si caben varios al tiempo es formidable. Mejor algo como “metanarrativa posthistórica”, pero sea creativo. “El sujeto es una deconstrucción de metanarrativas transhistóricas” es prometedor. En cambio, “creación histórica” deja mucho que desear. Le sugiero que vaya a la columna B. ¿Qué tal “vanguardismo”?, o puede ser más posmoderno introducir una categoría indeterminada como “transvanguardismo híbrido”. Ahora, vaya a la columna C y escoja un autor renombrado, o sea importante, pero del cual sea casi imposible hablar en términos sencillos porque ya nadie tiene tiempo o ganas de leerlo con juicio.

Los teóricos del continente europeo son de lo mejor, y cuando tenga dudas, lo ideal es un autor francés decepcionado del Mayo del 68. Le recomiendo al filósofo Michel Foucault, que escribió varios tratados sobre el sujeto y el poder. No tiene que leerlos completos, ni siguiera entenderlos; basta con que haga alguna alusión a las “epistemes” y mencione de pasada al famoso señor. Finalmente, agregue algo de suspenso y emoción como para que dé la impresión de que está interesado en hablar de algo concreto, y no olvide los guiones y los paréntesis. ¿Qué tiene ahora? “El sujeto contemporáneo es una deconstrucción de metanarrativas transhistóricas que, dentro del nuevo episteme del transvanguardismo híbrido, trasciende las nacionalidades ficticias (producto de prenociones etnocéntricas) inscritas en lógicas diferenciales y polivalentes que, como lo ha demostrado Foucault (no olvide que se pronuncia Fukó), son hábilmente reconstituidas de la semilla de un pensamiento prístino”.

Debe estar atento a escuchar una oferta de trabajo de algún postindustrial interesado en usted para que dirija su departamento de asistencia social o, mejor aún, para que le dé clases privadas a la hija. En el caso de que alguien llegue a preguntarle de qué diablos está usted hablando, tranquilo. Este riesgo lo corren todos aquellos que hablan en posmoderno, y debe evitarse en lo posible. Llegado el caso debe mirar a su interlocutor con extrañeza, como un bicho raro, como si no hubiera captado la esencia de su discurso, y en ese momento debe decirle que la pregunta “simplifica el discurso”. Si eso no funciona, usted puede ser atacado por la tentación y pronunciar esa terrible respuesta modernista de tres palabras: “No lo sé”. Pero no, conserve la calma, tome aire, vea de reojo al inoportuno, después al auditorio como quien mira llover y diga algo como: “Su pregunta me resulta muy interesante. Sin embargo, su intertextualidad define un grupo de relaciones entre enunciados dispersos y heteróclitos, cuya eficacia simbólica y significado me resultan arbitrarios. Esto muestra que los principios de individuación generativa del sujeto son un tema que no se puede agotar en una conferencia, quizá ni siquiera en un semestre”. ¿Más preguntas? ¿No? Pues bien, que ahora sí sirvan el té con galletas.

Extracto de Speak and Write Posmodern de Stephen Katz


viernes, 29 de mayo de 2015

domingo, 17 de mayo de 2015

Advierten que Agro contamina los ríos más que la minería

Los que más contaminan son los cultivos de papa y de arroz, y en general las actividades de riego. El agro usa el 80% del agua y la minería solo 2% , señalan especialistas.

El decir que la minería es el principal contaminador de los ríos en el Perú es un mito, pues más que esa actividad la agricultura es una mayor contaminante de esas fuentes de agua en el campo, y en las ciudades los que más las contaminan son las poblaciones.

Así coincidieron en señalar Antonio Brack, ex ministro del Ambiente, y Nicole Bernex, directora del Centro de Investigación en Geografía Aplicada de la Universidad Católica, al tocar el tema del agua y el ordenamiento territorial, en la 30 Convención Minera. Si es que existen aún residuos de minerales en diversas fuentes de agua, es por pasivos mineros antiguos, o porque se producen accidentes en los relaves, pero en general la minería formal no es una fuente contaminante de los ríos, aseveró Brack.

Insumos. En el caso de la agricultura, la mayor contaminación la ocasiona al vertimiento de insumos químicos como el Paratión, que es usado por la mayoría de los cultivos de papa, y que con el riego por inundación van a parar a los ríos, según indicó Bernex. Otro gran contaminante son los cultivos de arroz, que producen emanaciones de metano, que es un gas de efecto invernadero, anotó. Gestión

miércoles, 21 de enero de 2015

Heduardo con hache


Por Mario Vargas Llosa

La caricatura es un arte cruel: consiste en magnificar la imperfección humana y convertirla en pretexto de risa. Se comprende que la política haya sido el territorio más propicio para el cultivo de semejante género, que encuentra en esa actividad, que suele ser vía de escape para las pasiones menos nobles, un inagotable filón.

Además de inmisericordiosa y tremebunda, la caricatura política, si es fiel a su naturaleza, debe ser crítica, inconforme, sedicente. La alabanza no le conviene, el incienso inevitablemente la entristece (lo que en su caso significa la muerte). Esa es su contribución a la sociedad: espolear sin descanso el espíritu de resistencia, orientar la indignación y el rechazo hacia esos personajes, hechos e instituciones políticas a los que, transformados en imágenes grandilocuentes y feroces, avienta a la vindicta pública.

Gracias a su vocación irreverente, iconoclasta, ella es un buen antídoto contra la idolatría; sus monigotes impiden que se constituyan, o que se eternicen, los mitos políticos. Sus ácidos corroen con facilidad a esos hombres-estatuas –generalísimos, benefactores de la patria, caudillos, jefes máximos, comisarios–, haciendo que las gentes les pierdan el respeto y delatando, gracias a la exageración, que es su arma preferida, la sustancia bufonesca que habita en todos ellos. Nada es sagrado, respetable, para la caricatura política y por eso no es extraño que cometa injusticias, ridiculizando y zahiriendo también a los mejores, a quienes representan el idealismo y la integridad. No importa. También a los justos les hace bien pasar la prueba de fuego de la burla y el chiste, ser de este modo seleccionados sobre sus limitaciones y entrenados para recibir críticas.

La caricatura política y la libertad son hermanas siamesas, no existen la una sin la otra, su suerte está sellada. Para saber cuál es el grado de libertad que existe en un país basta averiguar el estado en que se halla el género; si éste prolifera en revistas y periódicos, en libros y en pantallas, con un alto nivel de creatividad –es decir, de crueldad e inconformidad– aquélla ha arraigado y se trata de un país con hombres libres. No es casual que en los regímenes autoritarios este arte haya declinado o se haya extinguido, que sea inconcebible imaginarlo floreciendo a la sombre del Kremlin, de Fidel Castro, de Pinochet, de los generales argentinos, o del ayatola Jomeini. Así, aunque malvada e injusta, la caricatura política es siempre símbolo viviente de la libertad.

Estas consideraciones vienen a propósito de una joven caricaturista peruano, tan tímido e inhibido, tan modesto, que, como para ocultarse, ha antepuesto a manera de antifaz una hache a su nombre: Heduardo. Cuando coge el lápiz y la cartulina, sin embargo, la timidez desaparece y la reemplaza una osadía sin barreras, una imaginación crítica cuyos dardos envenenados dan siempre en el centro del blanco. Es, sin duda, el mejor caricaturista político que ha tenido el Perú en muchos años (por lo menos desde que Xanno dejó de hacer sus famosos hídridos en “La Prensa” de los años cuarenta) y el que practica su arte con más limpieza moral y con más genuina vocación libertaria.

Pero, antes que esos méritos, hay en Heduardo una cualidad básica que, cuando falta, hace innecesarias todas las demás: la destreza artística. Es un dibujante original, inventivo, de mano agresiva, cuyos disparos más mortíferos provienen no sólo de las palabras que emiten sus personajes, sino simultáneamente de los rasgos de sus caras, de sus inusitadas siluetas, de sus posturas y atuendos. En pocos años ha creado algunos tipos que con todo derecho merecen figurar en la zoología política universal más exclusiva. Pienso en su pareja “Don Burguesini y su mayordomo”, y, sobre todo, en las dos especies de homínidos que parecen su principal fuente de inspiración: intelectuales y generales. Es difícil establecer a quiénes, entre los dos, prefiere, es decir, cuáles le parecen más irreales y más nocivos en su manera de obrar o de pensar en el dominio político.

Los intelectuales de Heduardo son barbados, calvitos, viejos precoces, siempre con gafas, y entre sus protuberancias destaca indefectiblemente la nariz (por grande o por torcida). Peroran sin descanso y aunque aparecen de a dos y de a tres no dialogan, mantienen monólogos paralelos intocables. Está, cada uno, encerrado en una cárcel de eslogans que lo obnubila y que, se diría, lo ha privado del gusto a la vida: es imposible saber si son demagogos por estúpidos o viceversa. En todo caso, lo evidente es que están dispuestos a aceptar todos los estropicios y todas las dictaduras siempre y cuando la coartada ideológica que esgriman sea ‘progresista’.

Pero todavía más plásticos que los intelectuales obtusos de Heduardo son sus generales. En la vaga división doctrinaria de su fauna, aquéllos representan la izquierda; éstos, la reacción. Salen derechito de las cavernas donde vivía el hombre de Cromagnon y las jorobas que los aquejan parecen el resultado del uso continuo, inmoderado, del garrote. Por su osatura y movimientos, boca y extremidades están más cerca del simio que del hombre (aunque sus luces intelectuales sean de una escala todavía inferior). Visten siempre muy condecorados y esa enorme nube negra que los aureola es el techo de sus quepis, que, con certeza, disimula un voluminoso chichón en el cráneo. Todos son prognáticos y dolicocéfalos. Su ideología es clara y contundente, cabe en una frase: la fuerza justifica todo. Son tan poderosos que pueden darse el lujo de la sinceridad. En tanto que los intelectuales de Heduardo mienten como quien respira, sus generales dicen la verdad, y exhiben candorosamente sus apetitos, sus abusos, sus vicios. Entre ambos especímenes, confuso, aturdido, maltratado, olvidado y desdeñado por unos y otros, aparece a veces en los dibujos de Heduardo, una figurilla patética: el hombre común, el ciudadano anónimo.

Heduardo hace reir siempre, pero sus monigotes, además, como en el poema de Vallejo, dejan al hombre pensando. Sus caricaturas tienen un mensaje, pero no ideológico, es decir prefabricado, del que ellas vendrían a ser una mera ilustración. Es posible que él mismo ignore la naturaleza de ese mensaje. Pero no hay duda que está allí, disuelto en el entresijo de sus hombrecillos grotescos. Porque Heduardo, trabajando al día, absorbido por la transeúnte actualidad, ha sabido identificar en ese vertiginoso desfile de acontecimientos ciertas constantes trágicas sobre las cuales sus cartulinas dan testimonio incesante: el fanatismo y  la brutalidad que signan nuestra historia. En tanto que unos viven ciegos, fuera de la realidad, embriagados en abstracciones delirantes, los otros se permiten todos los excesos amparados en el monopolio de la fuerza que detentan. Aunque adversarios, ambos tienen muchas cosas en común: su desprecio e ignorancia del “otro”, su ineptitud para el diálogo, su cerrazón ante la crítica. Mientras no salgamos del círculo vicioso que ambas mentalidades encarnan –nos hace entender Heduardo sin decirlo y acaso sin quererlo– jamás reinará entre nosotros esa libertad que él tan felizmente practica en sus dibujos.

Lima, enero, 1980.


Columna “Piedra de Toque” de Mario Vargas Llosa, 28 de enero de 1980, edición N° 585 de la revista Caretas

miércoles, 20 de agosto de 2014

Keiko en su laberinto

Por Antonio Zapata Velasco

La semana pasada el congresista Juan José Díaz Dios protagonizó una situación vergonzosa con toda naturalidad y frescura. Como todos saben, el congresista denunció a la primera ministra, Ana Jara, mostrando como prueba unos correos falsos aparecidos en una columna de sátira política.

El congresista no se detuvo a pensar y fue ganado por el afán de éxito inmediato. Lo suyo fue figuretismo al 100%. Era evidente su mala fe y su concepción rastrera de la política como ataque artero sin siquiera verificar la información básica. 

Luego, cuando se hizo público el papelón, le echó la culpa a otro y responsabilizó a sus asesores. No asumió su parte en el asunto, sino que derivó a trabajadores dependientes suyos. Perdió de ese modo la oportunidad de aprender. En el futuro tomará otro asesor y seguirá tan falso como siempre. 

Es cierto que se disculpó y la primera ministra pasó la página, pero quedó evidente que el fujimorismo de hoy presenta tantos problemas como el de ayer. En efecto, el congresista Díaz Dios no es cualquier parlamentario, sino el vocero principal de la bancada fujimorista.

En este puesto, Díaz Dios está reemplazando al congresista Julio Gagó, quien meses atrás fue hallado responsable de realizar negocios ilícitos con el Estado. Como consecuencia, Gagó se halla suspendido y en realidad fue salvado del desafuero que correspondía. 

A continuación, Víctor Grández, otro parlamentario de Fuerza Popular, ha sido descubierto por un programa de TV como dueño de prostíbulos donde se práctica el meretricio infantil. El fujimorismo ha anunciado su expulsión, pero tenemos otro caso reciente que muestra la dirección de la corriente en un grupo que aspira a ganar las presidenciales del 2016.

De este modo, la carrera de Keiko a Palacio atraviesa problemas mayormente generados desde dentro. La gente diariamente se pregunta, si así son en la oposición, ¿cómo serían nuevamente en el poder? Fácil. Serían como están mostrando que son. Harían contratos personales ilegales con el Estado, como Gagó, acusarían sin pruebas a sus rivales políticos, como Díaz Dios, y aprovecharían de sus puestos para desarrollar todo tipo de negocios privados impropios, como Grández. Súmele usted la cocaína hallada en una camioneta de campaña en Barranca y encontrará un esquema del fujimorismo actual. 

Estas conductas parecen tan negativas como las peores de los años noventa. Aún no se halla presente un símil a Montesinos ni aparecen sus jugosos sobornos a los grandes poderes fácticos del país. Pero están en ciernes. Los repetidos incidentes de sus figuras públicas lo evidencian.

¿Puede Keiko diferenciarse de la cultura corrupta de los noventa y aparecer como una segunda generación renovada y moderna? Se escucha decir que es su propósito, pero no le es fácil. 

Es cierto que el fujimorismo posee algunas figuras sagaces, con manejo y fuerza política. Pero estas personas capaces ya estaban en los noventa, son los limpios del grupo que gobernó junto a Alberto Fujimori. 

Los que no dan la talla son los nuevos, los integrantes de la generación de Keiko. En estos años como oposición, Fuerza Popular no ha mostrado ninguna figura nueva superior a Díaz Dios, Gagó o Grández. 

Pero la debacle de sus rivales mantiene intactas las esperanzas del fujimorismo. El gobierno sin candidata, García con narcoindultos y Toledo con Ecoteva; ninguno parece capaz de vencer al fujimorismo, que ya quedó segundo el 2011 y no se ha dividido, no obstante las desavenencias entre padre e hija.

Aunque, Keiko podría perder frente a un candidato autoritario y antisistema que enfrente la corrupción, ineficiencia y figuretismo sin sustancia de la política peruana. Un escenario del 2016 es la caída del sistema político, dado el inmenso hartazgo ciudadano hacia la política actual. 

Si ello sucede, el fujimorismo será parte del establishment rechazado, porque sus figuras actuales lo llevan a esa posición. Para ganar, Keiko tendría realmente que limpiar su círculo.

miércoles, 20 de marzo de 2013

17 de marzo: una victoria contundente




Por Fernando Villarán

No deja de sorprender la política peruana o, mejor, contemporánea. Los derrotados en la consulta popular del pasado domingo son los que realizan el análisis de la misma. Y, por supuesto, resulta que los ganadores se convierten en los derrotados y los derrotados en ganadores. Los mismos medios, periodistas y analistas que han estado apoyando y animando la campaña del SI y que han atacado, sin piedad, a la alcaldesa y su gestión desde hace más de 2 años, son ahora los que hacen el balance de la batalla. Es como si el 3 de setiembre de 1945 hubiesen sido los alemanes, japoneses e italianos los encargados de dar la «versión oficial» de la segunda guerra mundial. El mundo al revés.

Vayamos a sus argumentos:

1. «Es una victoria ajustada, casi la mitad de los limeños revocaron a la alcaldesa, es un llamado de atención». En las últimas elecciones el presidente Ollanta Humala le ganó a Keiko Fujimori por un margen de tres puntos porcentuales, exactamente los mismos con los que ha triunfado el NO el domingo, y que se sepa nadie anda dudando de la legitimidad de su mandato. La mitad de los presidentes en el mundo son elegidos con márgenes menores a estos, lo que no debilita en lo más mínimo su autoridad y su gobierno. 

2. «Han sido revocados varios regidores lo que es un drástico castigo a la izquierda que maneja la Municipalidad de Lima. Una victoria pírrica. Una dulce derrota». En toda batalla hay muertos y heridos. Para comenzar es un absurdo desconocer la voluntad del pueblo que votó por el NO en la persona de la alcaldesa, y que no marcó el NO en el resto de la cédula, teniendo en cuenta que en la elección de octubre de 2010 se votó en bloque por todos ellos. Pero aun si fueran revocados, afirmar que este es el resultado principal de la consulta del domingo es como decir que los alemanes ganaron en Normandía porque murieron más aliados que ellos. Aunque con un costo alto, fue una resonante victoria para los aliados. Felizmente, en el caso de los regidores, como Eduardo Zegarra y Marisa Glave, por ejemplo, podrán continuar aportando desde otras responsabilidades en la MML. 

3. «La salida de los regidores representa la derrota del NO». Se debe tener muy en claro que lo que estuvo en juego el domingo, no fue la revocación de unos pocos regidores. Siempre estuvo en juego el control de la segunda plaza ejecutiva del Estado peruano, la MML, que concentra el 50% del PBI Nacional y un tercio de la población del país. Lo que vimos en este proceso fue el intento de asaltar el poder de la MML utilizando el mecanismo de la revocatoria (hoy considerado obsoleto por muchos). Pero como hemos comprobado, el asalto fracasó, la alcaldesa y sus aliados lograron resistir el ataque y conservaron el poder. Por eso es un absurdo hablar de victoria a medias; en la política y en la guerra esto no existe, o se conquista el territorio desalojando al enemigo, o uno se queda sin nada. Las victorias son al 100% y las derrotas también. Y esto es lo que ha ocurrido en Lima. 

4. «La alianza entre Fuerza Social y el PPC es antinatural y se va a romper de inmediato». Adicionalmente a controlar el territorio que es la primera fuente del poder, la clave en política reside en aumentar ese poder mediante la acumulación de fuerzas, y esto lo ha conseguido de manera clara y contundente Susana Villarán. De la agrupación de unos pocos pequeños partidos de izquierda, con los que empezó en enero de 2011, ha logrado forjar una sólida alianza, nada menos que con el Partido Popular Cristiano (PPC), su rival en las elecciones de 2010, pero también con Perú Posible, el Partido Nacionalista de Lima, Acción Popular y Somos Perú. Una confluencia de fuerzas pocas veces vista en la política peruana. Es decir, no solo conserva el poder, sino que lo acrecienta y fortalece, lo que significa que este frente puede obtener más victorias y más poder político. Esto es lo que les quita el sueño a los derrotados el domingo pasado: una sólida alianza política que no solo continúe ganando elecciones sino que sobre todo transforme la manera de administrar el Estado y ejercer la política. La transparencia y la honestidad son como la luz del sol de la que huyen los vampiros de la política. 

5. Hace dos mil quinientos años, Sun Tzu dijo: «La división es la estrategia más eficaz para derrotar al enemigo». Y en esto los derrotados del domingo pasado se han puesto a trabajar desde al primer día, dicen: «Los traidores fueron los del PPC que marcaron el SI a los regidores de Fuerza Social. La alcaldesa se peleó con Marisa Glave porque es demasiado radical. PPK fue el culpable de marcar SI a los regidores radicales. Todos los partidos de la izquierda democrática rechazan al Movimiento Nueva Izquierda (Patria Roja). La CONFIEP se retracta en su apoyo al NO por temor a las declaraciones de un influyente minero». En un país con una fuerte tradición de división y enfrentamiento, tal como nos lo ha recordado varias veces María Rostworowsky, esta estrategia es ciertamente la más eficaz; no hay que hacer mayor esfuerzo para dividir a los peruanos. En esto la izquierda es la campeona, desde que llegó a su punto más alto bajo el liderazgo de Barrantes Lingán en los 80, no ha parado de dividirse por quítame estas pajas. Por eso, quizás el mayor esfuerzo sea mantener la unidad alcanzada en el frente por el NO. Sólo esto cambiaría la historia de la política peruana. 

6. «Esta es una contienda electoral vecinal, solo circunscrita a Lima». Esto es falso, pues en realidad se trata de la primera batalla por el poder nacional en el 2016. Es teniendo eso en mente que los partidos y actores han tomado sus decisiones. Solidaridad Nacional (SN) quiso recuperar el municipio de Lima por medios vedados y antidemocráticos, sin esperar al 2014, después de su estrepitoso fracaso en las elecciones presidenciales del 2011. El APRA apoya a Castañeda para golpear a la izquierda (su enemigo de toda la vida), utilizar a Lima como plataforma para su propia candidatura presidencial y reactivar su partido muy debilitado por la debacle electoral de 2011 para el congreso. El fujimorismo se mantuvo oficialmente al margen, aunque varias de sus principales dirigentes participaron en la campaña del SI. Todos han jugado sus fichas pensando en el 2016, la diferencia es que algunos han perdido y ven alejarse sus objetivos.

Lo más patético de todo esto es que los ganadores comiencen a aceptar y creer los argumentos de los derrotados. Está bien ser magnánimos en la victoria (cosa que estoy seguro no hubiera ocurrido si fuera el caso contrario; no me imagino qué habrían dicho los líderes del SI y sus medios si hubieran triunfado), pero otra cosa muy diferente es dejarse apabullar. Aparte de la tarea central de mantener la unidad del frente del NO y de seguir golpeando a la corrupción (la gran derrotada), es preciso continuar dando la batalla ideológica. Hay que seguir las enseñanzas de Manuel Castells que hace algunos años dijo que en la era digital, las batallas por el poder son batallas culturales.


Tomado del Facebook de Fernando Villarán